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• Miércoles 16 Octubre, 2013

Desde el Programa de estudios sobre Acción colectiva y Conflicto Social (CIECS CONICET UNC) adherimos a las denuncias públicas realizadas por la Red LiberaBorde, acerca de las políticas migratorias europeas, y sus actuales tendencias a la securitización y militarización de las fronteras. A continuación reproducimos el comunicado de la aludida Red.

Pronunciamiento Lampedusa

En el despunte del año 2012, la isla de Giglio, Italia, protagonizó un espectáculo mediático: el choque y posterior naufragio del crucero Costa Concordia en el que resultaron 32 persona muertas y 64 heridas de un total de 4. 220 pasajeros. Este episodio recibió una pronta respuesta de las autoridades y la inversión de 600 millones de euros para sacar los restos del mar. Esta semana asistimos a otro episodio de repercusión mundial: el naufragio de dos embarcaciones de migrantes africanos en las costas de Lampedusa. La omisión de cualquier tipo de acción de rescate provocó la muerte de cerca de 400 personas, y tras ello el gesto burlesco de nacionalizar los cadáveres y aquel otro, no menos indignante, de pretender multar a los sobrevivientes.

No se trata de comparar para contar muertos. Tampoco de contraponer turistas versus inmigrantes “ilegales”. De lo que se trata es de poner de manifiesto una de las formas contemporáneas de la jerarquización de la vida, en la que la Unión Europea, a través de sus políticas, decide sobre la vida y la muerte de las personas migrantes. Por esta razón, no podemos mirar lo ocurrido en Lampedusa como un hecho aislado y producto del azar, sino como el resultado claro de una política deliberada que viene impulsando la UE desde la entrada en vigor del espacio Schengen.

Al insistir en que son inmigrantes “ilegales” y víctimas de las redes de tráfico, las autoridades italianas, y por extensión europeas, intentan soslayar su responsabilidad. Los actores internacionales especializados en la migración y el refugio, por acción u omisión, también son responsables: siguen permitiendo que los Estados centrales apliquen medidas e instrumentos de control migratorio y fronterizo que cobran vidas y que desestiman de antemano cualquier noción de trato igualitario. En la trastienda quedan la operación Nautilus –puesta en marcha por FRONTEX en el 2008 para contrarrestar la migración que arriba a dicho país procedente de Malta y Libia, sin importar si eran solicitantes de asilo o no–, el empleo de aviones no tripulados, la instalación de guardias costeros en aguas mediterráneas que exceden su soberanía, la creación de Centros de Internamiento, de muros y vallas así como la firma de convenios de cooperación migratoria con terceros países (sean emisores o de tránsito) para evitar la entrada de “intrusos”. ¿Qué justifica tanta “seguridad”? Este aparataje forma parte de un régimen de control migratorio, preocupado por la producción de unos flujos migratorios pensados o imaginados como “ordenados”, “legales”, “seguros”, “deseables” y “predecibles”. La idea es evitar el ingreso de refugiados –esa categoría que Europa misma, guerras mediante, ayudó a forjar – y de inmigrantes “irregulares”, que arriban por canales no autorizados. Da la impresión que el mensaje implícito es que, por el propio bien de las y los migrantes, es mejor que se queden en casa (no obstante la situación de inseguridad que enfrentan en sus países, a causa de conflictos, han sido muchas veces apoyadas por los países de la OCDE, los mismos que después les cierran las puertas). La Unión Europea, en este caso, no quiere pobres, negros, ni musulmanes. La respuesta del Parlamento Europeo ante esta tragedia es el sistema evigilancia Eurosur, —aprobado unos días después del naufragio— que permite aumentar la vigilancia y controles en las fronteras exteriores de la UE, disfrazado de la intención de coordinar capacidades para el rescate de náufragos. La tierra de Voltaire, la cuna de los Derechos del Hombre y del ciudadano, que hoy se proclama “Espacio de libertad, seguridad y justicia” sigue cimentada en el racismo y la xenofobia. Europa creó un fantasma y tiene miedo de él.

Más allá de esta tragedia puntual, desde la Red LiberaBordes, hacemos un llamado a los responsables de la política migratoria europea para que revisen estas iniciativas que no sóloson desproporcionadas, sino que también infringen derechos fundamentales. Atravesamos un momento crucial para la reversión de políticas basadas en la securitización y militarización de las fronteras. Por eso invitamos a otros colectivos a forjar redes en contra de esta tendencia política, y crear canales de presión para cambiarla.

LiberaBordes: Red de Activismo y Estudios Críticos sobre el Control de las Migraciones y los Colectivos Migrantes en América Latina y el Caribe.


Categoria: Noticias
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